El sábado 16 de junio, a las 7 de la tarde tocó su último solo Clarence Clemons, el mítico saxofonista the la E Street Band. Aquejado en los últimos años de numerosas dolencias, sufrió un derrame cerebral el pasado día 11 del que definitivamente no ha podido recuperarse. Sin embargo, su muerte no es sólo la pérdida de un gran músico, sino la de un personaje con un carácter extremadamente entrañable cuyo carisma contribuyó a moldear la historia reciente del Rock.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Bye Big Man, probably the next King of England
El sábado 16 de junio, a las 7 de la tarde tocó su último solo Clarence Clemons, el mítico saxofonista the la E Street Band. Aquejado en los últimos años de numerosas dolencias, sufrió un derrame cerebral el pasado día 11 del que definitivamente no ha podido recuperarse. Sin embargo, su muerte no es sólo la pérdida de un gran músico, sino la de un personaje con un carácter extremadamente entrañable cuyo carisma contribuyó a moldear la historia reciente del Rock.
E Street Band en 1974
Capitol Theatre (New Jersey), 19/09/1978
Cuarenta años después, acaba una carrera musical que deja tras de sí casi una veintena de trabajos con la E Street Band -entre ellos Greetings from Asbury Park, Born to Run, Darkness on the Edge of Town, The River, Born in the U.S.A., Tunnel of Love, Chimes of Freedom, The Rising o Working on a Dream- además de seis como solista- y colaboraciones con artistas de la talla de Aretha Franklin, Twisted Sister o Darlene Love hasta un dueto con el expresidente Bill Clinton en la fiesta de inauguración presidencial de 1993. Incluso, es famoso su papel en New York, New York, de Martin Scorsese, entre otras apariciones en cine y televisión.
Personalmente, considero que se va uno de los personajes más influyentes en la música moderna, que rompió esa regla del papel teóricamente secundario que parece que por obligación corresponde a los músicos de una banda tras su líder. Por ello, hoy todos los periódicos recogen la notica entre las más importantes, porque The Big Man era el tanto pilar y alma de una banda tan importante como el amigo y compañero inseparable de Bruce Springsteen, sin el cual éste no hubiera podido alcanzar ese lugar que hoy ocupa en la música, “The Boss”.
Aquí dejo mi tributo personal a ese gigante de sonrisa apabullante y de carácter explosivo que se comía los escenarios y se había ganado el cariño y la admiración de público y artistas. Siempre recordaré lo bien que lo pasaba de niño entre las risas de mis padres cuando cogía unas gafas de pasta y algo que se pareciera a un saxofón y le imitaba subido en el sofá de mi casa mientras por la minicadena fluía el solo de Jungeland, una música que me acompañó desde que tengo memoria y, según me consta, desde tiempo antes.
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