viernes, 9 de septiembre de 2011

UNA LECCIÓN DE HISTORIA ECONÓMICA

  
      En su artículo "¿Quien es Milton Friedman?", Paul Krugman establece una interesante analogía entre el S. XX y el S.XVI en lo que a evolución del pensamiento se refiere. Citando la célebre afirmación de Keynes de que "la economía clásica conquistó Inglaterra como la Santa Inquisición conquistó España", el premio Nobel de Economía de 2008 identifica a aquél como el Lutero que proporcionó el rigor intelectual necesario a la herejía académica de apartarse de la doctrina oficial de su que era la economía clásica desde su nacimiento en el S. XIX; y a Milton Friedman con Ignacio de Loyola, el fundador de la contrarreforma, pues sería Friedman -Premio Nobel en 1976- el que detectaría los errores del keynesianismo y que, en gran parte, no sólo lo haría retroceder sino que además, y como así fue, devolvería el oficialismo pasado a una nueva etapa de esplendor.



Milton Friedman
     
       Se trata, sin duda, de los dos principales economistas del S. XX, no sólo por la influencia de sus teorías, pues casi todo el resto de grandes teóricos de la economía se han formado a la sombra uno u otro de estos dos gigantes intelectuales, sino por que las ideas de ambos han dado lugar a dos periodos claramente diferenciados en la historia social y política desde la última mitad del S. XX hasta hoy con claras diferencias, no sólo en su base intelectual, sino en sus efectos económicos y geopolíticos: "la revolución keynesiana" (1951-1973) y la "contrarreforma monetarista" (1979-actualidad), o también llamadas posteriormente, tras la introducción de diversos matices en sus teorías, como el "Sistema Bretton Woods" y el "Consenso de Washington". El periodo intermedio corresponde a la transición entre uno y otro paradigma, entre la desintegración de la política keynesiana con el shock de la OPEP y la llegada de Margaret Tatcher al poder en Gran Bretaña.

     Ambos regímenes se construyeron desde dos paradigmas filosóficos diferenciados: Bretton Woods (BW) clamaba por un sistema económico internacional dotado de importantes apoyos institucionales y políticos; el Consenso de Washington (CW) volvía la hipótesis de la autorregulación de los mercados, dotando de una nueva visión al Crash del `29. El primero de los sistemas y políticos se marcaba como objetivo alcanzar una estabilidad aceptable  del sistema y la consecución así del pleno empleo mediante la dirección de la demanda (principalmente a través de la política fiscal). El segundo deseaba la estabilidad de los precios, y para ello se servía de las políticas de tipos de interés. Aunque ambos defenderían el potenciación del comercio internacional mediante la reducción de aranceles principalmente y a través de instrucciones como el GATT y la OIC-OIM, respectivamente, sus políticas para el desarrollo económicos más allá de occidente divergen frontalmente, con trágicas consecuencias: BW apostaba por la ayuda oficial para la promoción de la inversión, CW por los préstamos, ya sean públicos... o privados.

    En síntesis, el nuevo entorno político y económico se construiría sobre las tesis de: 1) rebaja fiscal; 2) reducción del gasto público y retorno del papel económico del Estado a la mera vigilancia -en el mejor de los casos-; 3) huída de los presupuestos en déficit; 4)  mayor liberalización del comercio internacional; 5) privatización de empresas y servicios públicos; y 6) desregulación de amplios sectores económicos.

   La intención de este post es comparar esos efectos, a modo de reflexión sobre qué periodo -y qué ideas- ha sido más fructífero no solo para el crecimiento económico, sino también para el bienestar y la justicia social. Los elementos causantes de esta ruptura radical ya fueron expuestos en otro post. Y es que, analizar la historia del declive y caída de la revolución keynesiana, es decir, el abandono de los instrumentos de la política keynesiana que formaban parte del instrumental de cualquier gobierno durante varias décadas posteriores a la II Guerra Mundial en favor de la tesis de la autocorrección interna del mercado y de que eran las intervenciones gubernamentales las que los distorsionaban, constituye un fascinante ejercicio de rigor intelectual que traza la trayectoria desde el "ahora todos somos keynesianos" de Nixon en 1971 al derrumbe de Lehman Brothers en 2008 (Skidelsky).

   En las gráficas, la línea vertical roja supone la Crisis del Petróleo de 1973, y la azul, la llegada de Margaret Tatcher al poder en 1979. Pulsa sobre las imágenes para agrandarlas. 


John Maynard Keynes


1. CRECIMIENTO ECONÓMICO

   Desde una perspectiva general, la media de crecimiento del PIB mundial entre 1951 y 1973 fue de 4,8%, mientras que desde 1980 hasta la actualidad, en contra de la tesis neoliberal generalmente aceptada de que la contrarrevolución conservadora ha dado lugar a la etapa de mayor desarrollo de la historia -gracias en teoría a adelgazar los programas sociales y a un modelo de globalización impuesto desde Occidente-, la tasa media de crecimiento ha sido de un 3,2%, es decir, un 1,6% inferior.

   Una análisis más detallado refuerza esta conclusión: durante BW, Francia y Alemania crecieron, respectivamente, un 4 y un 4,9 por ciento; Japón un 8; USA y GB a ritmos del 2,5 y un 2,2  Sin embargo, la tasa de crecimiento se frenó bruscamente a partir de mediados de los `80: Francia descendió al 1,6 (-2,4), Alemania -la locomotora europea de posguerra- al 1,8 (-3,1), Japón al 2 (-6), Gran Bretaña al 2,1 (-0,1) y USA al 1,9 (-0,6).

   En síntesis, se aprecia un descenso generalizado en el crecimiento mundial, lo que nos da una imagen también de la senda ética que la globalización desarrollaba entre finales de los 60 y principios de los 70 a la de hoy en día: el mundo no registró ni un solo año con tasa de crecimiento inferior al 3% entre 1951 y 1973, pues un crecimiento global inferior al 3% es la definición que el FMI establece de recesión para estandarizar el crecimiento de los países en desarrollo con los desarrollados debido a la divergencia sistémica en la tasa de crecimiento de unos y otros. Sin embargo, desde 1979  hasta hoy, se han registrado cinco períodos inferiores al 3% (1979-1983, 1989-1993, 1998, 2001-2002 y 2009-actualidad).
  
       Fuente: "El Regreso de Keynes", de Robert Skidelsky (y las que allí se citan)



2.DESEMPLEO

     Sin duda, el aumento del paro constituye el principal elemento diferenciador entre ambas etapas. Durante BW, sólo un 1,6 por ciento de la fuerza de trabajo británica estaba en paro; en Alemania, el 3,6 (y ello contabilizando el éxodo de varios millones de alemanes y europeos orientales a la RFA); en Francia, tan sólo del 1,2%. Era el "llamado milagro europeo". Sin embargo, esta explosión de actividad se frenaría desde las políticas implementadas en los `80 con el CW: Gran Bretaña, Alemania y Francia aumentarían desde los valores citados a, respectivamente, el 7,4, 7,5 y 8,6, es decir, un aumento del 5,8, del 4,4 y del 7,4. El conservadurismo hizo estragos del milagro europeo construido  a partir de la unión económica. Más que fundadas son entonces afirmaciones como la del profesor Carlos Berzosa, economista y rector de la Universidad Complutense: "treinta años de desempleo, treinta años sin Keynes".

     En otras partes del mundo, la tendencia es la misma: Japón, aunque siempre ha mantenido tasas bajas de desempleo, aumentó ésta en tres puntos y medio (del 1,5-BW- al 5 -CW-); y EEUU, a pesar de lo alabado de su desregulación del mercado laboral, aumentó del 4,8 hasta el 6,1 en valores promedio entre ambas etapas.


Fuente: "El Regreso de Keynes", de Robert Skidelsky (y las que allí se citan)




3. INFLACIÓN

     En repetidas ocasiones se ha afirmado, desde una óptica mas bien utilitarista, que Keynes y Friedman triunfaron en los ´30 y los ´70 porque el problema en su época era, respectivamente, el empleo y la inflación. Sin embargo, como bien expone Robert Skidelsky, biógrafo de Keynes, "uno de los mitos de la historia económica de posguerra es que la época keynesiana fue una etapa de elevada inflación que sólo termino cuando se aplicó una saludable dosis de monetarismo", mito que se resuelve falso cuando, al analizar las serie históricas, se aprecia que la inflación entre 1951 y 1973 alcanzó un nivel medio global del 3,9% y entre 1980 y la actualidad desarrolla un descenso sólo hasta el 3,2%. Es decir, lo acertado de la política fiscal en esos años hacía que los paquetes de inyección de demanda orientados a la consecución del pleno empleo no revirtieran en una escalada exponencial de los precios que pusiese en peligro el sistema. Como dice Skidelsky, "no se pagó ningún precio en términos de inflación por el elevado empleo y el crecimiento más rápido de la época keynesiana".



      Fuente: "El Regreso de Keynes", de Robert Skidelsky (y las que allí se citan)



4. DESIGUALDADES SOCIALES Y GLOBALES

      Sin duda, el aspecto más sangrante de la confrontación entre keynesianismo y neoconservadurismo es el dramático aumento de las desigualdades sociales, consecuencia a mi juicio de la interrelación de tres factores, algunos ya examinados: un menor aumento del PIB, un mayor desempleo, y el poder, no formal en términos jurídicos pero  tan efectivo en el plano material que es capaz de doblegar no sólo ya las voluntades de los gobiernos,sino sus propias prerrogativas, alcanzado por los grupos económicamente más poderosos en la dirección de todo el proceso antisocial de destrucción del paradigma keynesiando a través de desregulaciones y privatizaciones y acumulación ingente de capital a costa del bienestar de amplias capas sociales.

       Más allá del estudio comparativo BW-CW realizado por M. Weisbrot, D. Baker y D.  Rosnick (del Center for Economy and Policy Research), que documenta como en la primera etapa los indicadores de bienestar y calidad de vida aumentaron a ritmos superiores que en la segunda, puede que el estudio que mostrase al mundo el punto hasta el cual la contrarrevolución conservadora ha polarizado realmente la posesión de los recursos económicos haya sido el World Aparts,  expuesto por Branco Milanovic, de la Universidad de Princeton, en 2005, en el cual, tras analizar conjuntamente las variables de desigualdad entre y dentro cada país, concluía que el 1% de la población detentaba el 30% de las rentas mundiales. En España, el  estudio realizado por Matilde Lafuente, Antonio Sánchez y Antonio Losa, de la Universidad de Murcia, concluía que, además de que desde una perspectiva global la renta del 20% de las personas más ricas del mundo es, a fecha de 2005, 28,7 veces más elevada que la del 20% más pobre, se apreciaba, sin embargo, una tendencia al descenso en dicha variable internacional, lo cual se debe, como el mismo estudio establece, al aumento deliberado de las desigualdades, tanto tanto en términos absolutos como relativos, dentro de los países desarrollados, es decir, que mientras los índices de desigualdad, sin excepción, reflejan una disminución significativa de la desigualdad de la renta personal en el mundo, tal disminución se debe al empobrecimiento de importantes sectores dentro de los países con mayor PIB per cápita. Dato que viene a refrendar las conclusiones de Milanovic y la consecuencia real  de esta divergencia: tras de las penurias y la miseria que esta situación puede ofrecer a primera vista, se esconde la realidad de que ese poder económico es, a la vez, poder político, y es desde las instancias políticas desde las cuales los mismos poderes pueden configurar el marco adecuada para el mantenimiento de su arquitectura social  y económica.
  Relación desempleo-desigualdad de salarios: BW alcanza mayor igualdad y mayor empleo; CG menor empleo y mayor desigualdad. Fuente: Texas Inequality Project.
      

Fuente: Universidad de California


      Fuente: Paris School of Economics

      Por tanto, frente a una distribución más equitativa de una riqueza generada en mayores cantidades durante la preeminencia keynesiana, el neoliberalismo aumentó exponencialmente las diferencias sociales, tanto intranacionales como internacionales, dificultando el desarrollo vital de millones de personas y, por tanto reduciendo su libertad. La tesis de Friedman de que libertad e igualdad son variables contrapuestas hace aguas a la luz de los datos.

      Sin embargo, existe una zona geográfica en la cual, durante la época que coincide cronológicamente con el CW, se produjo una reducción de las desigualdades sociales: la América Latina septentrional, es decir, Chile y Argentina principalmente. ¿A qué se debe ésto? Aunque es un dato histórico relativamente infravalorado, es Chile, antes incluso que EEUU o GB, donde el neoliberalismo irrumpe por primera vez en el panorama mundial: al golpe militar de Pinochet en 1973 le había precedido una década y media antes el acuerdo de colaboración entre la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chicago, en la que se formarían varias decenas de estudiantes chilenos bajo la dirección del propio Friedman y el resto de sus colegas académicos.conservadores, de modo que sería este grupo de jóvenes estudiosos del por entonces "nuevo liberalismo" el que aplicarían el plan económico de la dictadura al dictado de las tesis que el propio Friedman  propuso a Pinochet en colaboración con el nuevo régimen tras ser invitado por éste a recorrer el país (ante acontecimientos como éste, ¿a qué queda reducido el supuesto ideal de libertad neoliberal? ...). A la salida de Pinochet del poder, el índice de  pobreza en Chile alcanzaba el 40%; después de dos décadas de centro izquierda tras el fin del pinochetismo, la misma tasa no alcanza el 16%. El otro ejemplo, Argentina, es mucho más fácil de explicar: las tesis del CW se aplicaron aquí con mayor virulencia y radicalismo que en ningún otro país, de modo que en 2002, tras la última vuelta de tuerca que supusieron las tropelías de Menem y De la Rúa, el país entró en bancarrota, era la quiebra del que se había venido en llamar "el mejor alumno del Consenso de Washington". Una vez arruinada la población, la desigualdad es mínima, a la baja, claro.



5. CONCLUSIÓN

     Durante los ´80, el sociólogo liberal Ralf Dahrendorf, aprovechando el juego de palabras que le brindaba la época en que desarrollaba la parte principal de su obra, denominó la política de las décadas del sistema Bretton Woods como el "consenso socialdemócrata", periodo que definió como el del "Estado-nodriza omnipresente, con vocación paternalista y decidido a intervenir tanto en la economía como en la cultura y en las cuestiones morales", el de una sociedad "adicta al Estado". A su vez, Margaret Tatcher hacía girar la campaña que la llevaría a Downing Street en 1979 en torno a la ineficiencia keynesiana y a despilfarro en el Estado del Bienestar. En resumen, se trata de la crítica ética y la crítica económica a la revolución keynesiana.

     Sin embargo, si atendemos a los datos, la tesis del despilfarro y la inefieciencia se derrumba cuando el desarrollo de la economía fue sustancialmente mayor durante la vigencia de los postulados keynesianos que durante la del monetarismo (aunque aquí no se trate, debe señalarse que el monetarismo como política económica en sentido estricto fue abandonado con la crisis de principios de los ´90 y sustituido simplemente por un conjunto de principios programáticos neoliberales en los que aquél se sustentaba), de modo que la movilización de los recursos económicos fue sustancialmente mayor, llegado a tasas de ocupación de pleno empleo. Ello demuestra no sólo que la tesis de la que los mercados descontrolados y desregulados son el instrumento de mayor eficiencia para la asignación de recursos es un error intelectual vestido de la clásica verborrea conservadora, sino que si en un contexto de mercado el sistema económico se apoya en la figura del Estado Dinamizador, la historia económica no sólo que el crecimiento será más equitativo y armónico, sino que además, será mayor,  más dinámico, por lo anterior, y más eficiente, por las bajas tasas de paro.
     
        En segundo lugar, respecto a la tan voceada adicción al Estado, el Estado del Bienestar europeo, seña de identidad que define al Viejo Continente, es creado durante esta etapa primera gracias a dos factores: 1) el crecimiento keynesiano generaba factores suficientes para desarrollarlo a la vez que seguía imponiendo un ritmo dinámico y competitivo a la economía, si bien es cierto que el neoliberalismo, aunque a escala menor, general sin duda también recursos suficientes para su construcción, de modo que el factor diferenciador se encuentra en que 2) ese crecimiento comparativamente mayor del keynesianismo estaba acompañado de una ética de inclusión y equidad, es decir,  no se hubiera entendido haber desarrollado todo un cuerpo teórico y práctico enfocado a estabilizar un sistema sistémicamente desequilibrado sin desarrollar una serie de instituciones encargadas de que los ciudadanos no se vieran expuestos propiamente a fallos de mercado de los que no dependen y que pudieran suponer una situación de su exclusión social. En lo que muchos neoliberales han acusado tradicionalmente de general el conformismo y la idiocia de los ciudadanos (el propio Friedman en el capítulo "De la Cuna a la Tumba", de su libro La Libertad de Elegir) no se encuentra otro propósito que afianzar la libertad individual del ciudadano y el compromiso ético de asegurar que su deseo de participación  en el sistema no se vea forzada por acontecimientos externos y aleatorios que el propio sistema genera siempre, aunque no en la misma cantidad, con independencia de la doctrina imperante (sanidad, seguridad social...), y en igualdad de condiciones (educación, principalmente) de modo que asegurase el libre desarrollo individual. Sin embargo, un planteamiento tan sencillo y lógico nunca ha sido comprendido por los fundamentalistas de mercado, que en un ejercicio de cinismo absoluto se atribuyen a sí mismos la defensa de esos valores de libertad y autonomía individual y  venden al mundo que los mismos se potencian cuando se permite la acumulación del capital en cada vez menor individuos, ya sea a través de corporaciones transnacionales o a aumentando el poder del empresario local, posibilitando a esa oligarquía global condicionar las relaciones entre el resto de agentes económicos. Sin dura, bien porque nos consideran estúpidos, bien porque su ignorancia no conoce fin,  pretenden hacer creer a la ciudadanía que la exclusión, la desigualdad y la precariedad (permitir que el salario mínimo caiga por debajo de la inflación, la desaparición de los sindicatos como factor de contrapoder, la no proporcionalidad de la riqueza de los trabajadores respecto del crecimiento de la economía en un contexto en que se viola la igualdad de condiciones de acceso...) son los fundamentos de la libertad contemporánea, pues total, no provienen del Estado, único capaz de poner límites a la explotación y dinamizar este sistema controlado cada día por menos manos. 

     En cuanto a si defender tales falacias es más cosa de ignorancia que de cinismo, tengo mis dudas. Sólo como ejemplo, más allá de que la crisis financiera de 2008 ha dinamitado sus hipótesis sobre la relación eficiencia-desregulación, haber permitido dejar caer la renta disponible en las clases medias y trabajadoras en favor de los sectores altos de la pirámide social mediante políticas de recorte de gasto hizo más eficiente los costes de la producción industrial a corto plazo; a largo, provocó la ruina de las industrias por no existir capacidad de demanda suficiente... ésta es la lógica neoliberal. Es por ello que hoy necesitemos, como dice Paul Krugman, una contra-contrarrevolución que devuelva a las sociedades contemporáneas a las épocas de mayor desarrollo, justicia social y LIBERTAD.

"El absolutismo liberal de Friedman ha contribuido a crear un clima intelectual en el que la fe en los mercados y el desdén por el sector público a menudo se imponen a los datos objetivos" (Paul Krugman)




¿Quién dijo que la diferencia entre la economía social de mercado y la economía neoliberal era apenas "de matiz"?

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