Aunque en el artículo anterior se hablase del "Consenso de Washington" como el sistema nacido inmediatamente del desplome del sistema keynesiano tras el shock de los ´70, en realidad, tal concepto no aparece en la jerga política y económica hasta principios de los ´90, de la mano del economista norteamericano John Williamson, quien, en su "What Washington Means by Policy Reformn", sistematizó las bases y resultados de las políticas implementadas en EEUU tras la llegada de Reagan al poder en 1980 en lo que definió como "una lista de diez políticas que yo pensaba eran más o menos aceptadas por todo el mundo en Washington" una vez asentada la revolución conservadora en EEUU. Tal paquete de medidas estaba orientado en un principio hacía América Latina, pero puesto que se trata de la plasmación del cambio de paradigma conservador desde mediados de los ´70 y es en la actualidad el programa económico imperante, no es históricamente incoherente llamarlo así, pues además allí se analizaron sus efectos globales hasta el presente en comparación con la era keynesiana. Por contra, este post tiene la intención de analizar cuales fueron sus efectos en un área mucho más localizada: América Latina, la región para la cual originariamente estaba pensado expandir las bondades del neoliberalismo made in USA. Otra cosa fue el derrumbe simultáneo del Bloque del Este, de modo que la misma ambición se extendería por los restos del decrépito (y mal llamado) "socialismo real".
Los "diez puntos" que citaba Williamson eran:
- Disciplina fiscal y eliminación del déficit
- Reducción del gasto público y reordenamiento de las prioridades gubernamentales
- Reducción fiscal
- Tasas de interés flexibles
- Tipo de cambio competitivo
- Liberalización comercial
- Un entorno favorable para la inversión extranjera directa (IED)
- Privatización de empresas y servicios públicos
- Desregulación de sectores económicos
- Nueva regulación de los derechos de propiedad
Citando el estudio de E. Montoya Jiménez (Universidad Nacional de Colombia) sobre los resultados del CW en las economía anidnas en términos de crecimiento, competitividad y desarrollo social, "La tesis central del CW era que la causa del atraso latinoamericano eran las distorsiones macroeconómicas inducidas por las malas políticas. Se pensaba que el Estado estaba sobredimensionado, que las economías eran muy cerradas y que los precios relativos de los distintos mercados estaban marcadamente alejados de sus niveles de equilibrio. Era necesario entonces privatizar las empresas públicas, integrar las economías al mercado mundial y remover las talanqueras intervencionistas que estaban impidiendo el libre funcionamiento del mercado. De esta manera se conseguirían los precios correctos, surgiría el clima propicio para la inversión extranjera y fluirían los créditos de las instituciones multilaterales con sede en Washington."
Sin embargo, los problemas de crecimiento y de desarrollo que experimentaba América Latina coetáneamente al desarrollo de las reformas de la Administración Reagan en EEUU no estaban sustentados en los elementos sobre los que se acusaba desde Washington a sudámerica antes citados. Por el contrario, los resultados en Latinoamérica del sistema vigente hasta principios de los ´80, plasmado en el "modelo de industrialización sustitutiva de importaciones" -ISI-, reflejan la misma realidad que en el resto del mundo entre 1951 y 1980: unas tasas de crecimiento elevadas y comparativamente superiores a las del periodo que se extiende desde la implantación de estas reformas en 1990 hasta 2002, cuando los estragos causados por estos programas obligaron socialmente y políticamente a remodelar cuando no paralizar su aplicación. Así, no fue el pretendido "estatismo" lo que paralizaba las economías sudamericánas, sino los efectos devastadores de lo que vendría en llamarse "la crisis de la deuda" y su consecuencia inmediata: la "década perdida". Así, el consenso de Washington sería la cobertura de los terribles Planes de Ajuste Estructural (PAE) que los renovados conservadores FMI y EEUU impondrían a Latinoamérica para salir del colapso económico en el que ellos mismos la habían inducido. El fin a la era de mayor prosperidad y desarrollo de la humanidad era defenestrada también en América Latina.
Siguiendo una sistemática de análisis parecida a la comparativa BW-CW, podemos diferenciar el impacto regresivo de las nuevas tesis neoliberales de implantación obligada Latinoamerica en los ámbitos de:
1. CRECIMIENTO
En el cuadro y la gráfica se aprecia la evolución del crecimiento entre el periodo ISI, la "década pérdida" y el CW. Se aprecia cómo de altas tasas de crecimiento previas se produce una retroceso aguado entre 1981 y 1990 y como la recuperación durante los `90 queda lejos de los niveles de la época ISI:
Fuente: Resultados de las reformas del consenso de Washington en los países andinos, de Edgar Moncayo Jiménez; y CEPAL: Balance preliminar y de las memorias de América Latina y el Caribe. Pulsar para ampliar.
Fuente: Resultados de las reformas del consenso de Washington en los países andinos, de Edgar Moncayo Jiménez; y CEPAL: Balance preliminar y de las memorias de América Latina y el Caribe. Pulsar para ampliar.
Así, nos encontramos ante la misma paradoja que veíamos en el post anterior: el abandono del modelo anterior, que en teoría adolecía de una extenuante carga estatal, restricciones burocráticas a la creación de empleo, distorsiones proteccionistas...etc., en favor de la privatización, la desregulación y la apertura comercial con el fin de dinamizar su crecimiento obtuvo unos resultados absolutamente contraproducentes. No sólo cayó el ritmo de crecimiento de toda Latinoamérica sino que, además, aumentó la tasa de desempleo y los indicadores de desigualdad registraron un cambio de 180 grados en la tendencia a equiparar las condiciones sociales. En síntesis, el crecimiento económico de Latinoamérica se redujo en dos puntos porcentuales, una media de crecimiento del 4,9% (1951-1980) retrocedió a valores del 3% (1990-2002). Este descenso es más acuciado si los datos de PIB se ponderan en función del total de habitantes de cada país, pues si se analiza que los dos únicos países que aumentaron su tasa de crecimiento durante CW frente a la época ISI -Chile (+1,8%) y Bolivia (+0,1%)- representan a poco más de 27 millones de personas, frente a, por ejemplo, los 191 millones de habitantes de Brasil, que registró una caída del 4,7% entre ambas épocas (del 7,2 a apenas el 2,5). Sin embargo, al realizar la media, todos los países pesan lo mismo, lo que nos da la conclusión de lo brutal del impacto del CW en la pobreza de Latinoamérica si se piensa en que caídas del tipo de la de Brasil se registraron también en países tan poblados como Argentina o Venezuela. En concreto, el pujante MERCOSUR vió retroceder el crecimiento de su PIB 2,8 puntos (del 4,7% al 1,9%), lo que en términos absolutos significa una caída en el crecimiento del 40,5%.
Respecto a los países que sí crecieron, cabe hacer otras precisiones: Chile, que había sido el laboratorio de pruebas del neoliberalismo gracias a la labor de los "Chicago Boys" tras el golpe de Estado encabezado por Pinochet registra a la salida de éste una tasa de pobreza cercana al 40%. Hoy, tras dos décadas de centro-izquierda, se ha reducido hasta el 16%. En cuanto a Bolivia, vemos que su tasa de crecimiento superior es realmente exigua, de hecho, puede decirse que su crecimiento se mantuvo similar en ambos períodos. Sin embargo, desde 2005 hasta 2009, y aún en plena tormenta financiera, las reformas iniciadas en Bolivia por el gobierno de Evo Morales han tenido como consecuencia inmediata que el PIB del país se eleve hasta una tasa del 5,2% en estos años, la más alta del continente.
2. INESTABILIDAD
Otro factor que lastra el desarrolla de Latinoamérica como consecuencia de la implementación de estas políticas es el aumento registrado en la inestabilidad del crecimiento. La volatibilidad del PIB durante estos (ver cuadro inferior: volatibilidad del PIB) años supone un impedimento económico especialmente importante para Latinoamérica y, en concreto, para la región Andina, pues el sector vital de las exportaciones se centra en materias primas y productos cuyos precios internacionales están sujetos a fuertes oscilaciones debido a la gran inestabilidad de las variables términos de intercambio, flujos de capital privado y tipo de cambio real.
Fuente: "Dependencia de recursos naturales y vulnerabilidad en los países
andinos", en Documentos de trabajo del Proyecto Andino de Competitividad, Center
for International Development at Harvard University y Corporación Andina de
Fomento, de Joaquín Vial. Pulsar para ampliar.
3. DESEMPLEO Y DESIGUALDADES SOCIALES
África es el continente del hambre, pero América Latina es hoy el continente de las desigualdades sociales. Literalmente, el análisis de E. Moncayo establece que las caídas en las tasas de crecimiento han tenido un efecto devastador en los niveles de desempleo y pobreza: en el período 1990-2001, los primeros aumentaron en los cinco países andinos en proporciones que en el caso de Venezuela, Ecuador y Colombia son iguales o superan el 30%. Con tasas de desempleo para el 2001 cercanas al 20% y con un crecimiento del 70% de lo que fueron los niveles de 1990, la Colombia de los Pastrana y Uribe es de lejos el país en la peor situación. Podemos desagregar estos datos sobre tres focos distintos: paro, pobreza y desigualdad.
A) Respecto al desempleo, el estudio "Panorama social de América Latina 2001-2002", de la Comisión Económica para América Latina, órgano de la ONU muestra cómo la década de los `90 adolece de un aumento del desempleo que comienza a frenarse sólo a partir de 2002-2003. En 1980 era del 6,7%:
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B) En cuanto a los índices de pobreza, el mismo estudio expone que si bien las tasas de pobreza e indigencia (pobreza extrema) registran niveles más altos en 1990 que en 2002, el nivel de 1990 se corresponde con el impacto social de la "crisis de la deuda" a la que fue inducido el continente latinoamericano, mientras que si se comparan cualquiera de los niveles de la serie 1990-2002 con el nivel de 1980, previo a dicha crisis, nunca ha conseguido ni el nivel de pobreza ni el de indigencia en niveles comparativamente inferiores a los del final de la época ISI, sino que, al contrario, presenta niveles siempre superiores. En cambio, una reducción en esos términos sí que ha conseguido con la paralización de gran parte de estas medidas principalmente a partir de 2002, como muestra el citado estudio de la ONU:
Valor porcentual de pobreza general (pobres no indigentes + pobres indigentes). Pulsar para ampliar.
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Esta evolución de las tasas de pobreza y de indigencia suponen que, según el Observatorio de Economía para Latinoamérica, los niveles de indigencia (pobres en situación extrema) y de pobreza general (pobre no indigentes + indigentes), presentase unos valores absolutos en millones de personas de:
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C) Al igual, los indicadores de las desigualdades muestran cómo la brecha social muestran aumentó considerablemente entre 1990 y 1999 de manera generalizada en todo el continente:
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3. COMPETITIVIDAD
Puede pensarse que, ante estas circunstancias, Latinoamérica, al menos, hubiera ganado algún tipo de ventaja competitiva, siempre mediante la reducción de costes laborales y sociales, claro. Sin embargo, incluso un axioma neoliberal tan irrefutable como ese se derrumba cuando se analiza el ranking de competitividad internacional que preparan anualmente en forma conjunta el Foro Económico Global (Global Economic Forum) y el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard (Center for International Development at Harvard University), el Global Competitiveness Report, se aprecia como los países latinoamericanos están o bien en posiciones intermedias, o bien en puestos rezagados. Por tanto, todo este proceso de desmembración social, aceleración de la pobreza y estancamiento económico tampoco ha surtido efecto en hacer más competitiva esta región.
4.OTRAS CONSECUENCIAS: RUINA FINANCIERA Y DEPENDENCIA POLÍTICA
Los términos en los que se realizó la liberalización de los movimientos de capitales es clave para entender los estragos que el ahogo financiero provoca en Latinoamérica desde estos años. En primer lugar, lo que se presenta como un efecto que desde luego sería el potencialmente positivo, la entrada de flujos de capital externo para la financiación de consumo o inversión en los países receptores, es manejada por grandes inversores extranjeros (ya sean privados o institucionales), así como por las élites locales, con unas perspectivas de inversión no se configuradas sobre por criterios de satisfacción de las necesidades de las zonas receptoras, sino interesadas casi por completo únicamente en la obtención de ganancias a corto plazo, a menudo en base a ejercicios especulativos. Por una parte, esta postura es perfectamente lógica, lo que obliga no sólo a reclamar mecanismos para que tales flujos de capital hubieran sido filtrados por criterios de utilidad pública, sino también, ante el descenso abrumador, pero ético, que hubiera registrado la inversión como consecuencia de ello, a reconsiderar especialmente las virtudes de unos y otros tipos de inversión a la hora de fomentar el desarrollo de la zona de inversión y el apoyo de la inversión privada sí interesada en el desarrollo local en otros flujos de inversión alejados del cortoplacismo especulativo. Haber apostado por este modelo ha tenido como consecuencia que hoy América Latina sea más pobre, menos desarrollada, con menos crecimiento y con mayores desigualdades sociales. todo el mundo es consciente de lo que ocurre cuando se deja al zorro al cuidado del gallinero, los economistas y políticos neoliberales no.
Más allá de ese efecto potencialmente positivo en que se fundamentan estas reformas, pero que por el marcado sesgo de las mismas tuvo un efecto contrario al pretendido, la política de liberalización supuso que los nuevos propietarios del flujo de recursos generados en el interior por la nueva actividad económica reorientada a sus intereses, como se dijo, grandes inversores extranjeros y oligarquías locales, tuviera plenas facultades para trasladarlos dentro y fuera de este conjunto de países a su libre albedrío. Así, ante escenarios de profunda inestabilidad financiera, América Latina sufrió y sufre importantes crisis financieras debido a la salida masiva de capitales cuando se producen episodios de crisis en otras partes del globo y gracias a la inexistencia de controles gubernamentales sobre la moneda. Según la OIT, solamente en la región de América Latina entre 1980 y 1998, tuvieron lugar más de cuarenta crisis financieras durante las cuales el PBI per capita cayó más de un 4 por ciento. Estas crisis reciben el calificativo por la OIT de "severas", es decir, que el valor de la moneda se depreció en un mes determinado al menos un 25 % y que esta caída fue al menos un 10 % superior que durante el mes anterior. Así, estamos hablando de una pérdida brutal en materia de poder adquisitivo, ahorros, pensiones y demás, de al menos un tercio en dos meses. El episodio más grave de estas crisis sería el hundimiento de México en 1994.
En síntesis, si utilizásemos un símil entre la economía latinoamericana y un coche podríamos decir que, en primer lugar, puesto que un coche, para funcionar, necesita gasolina, ya no son los propios latinoamericanos los que tienen el poder de decidir cuánta gasolina quieren echarle (entrada de inversión extranjera), tampoco pueden impedir que el propietario del depósito -el inversor extranjero- decida unilateralmente llevarse el depósito para verter el combustible en otro vehículo según su interés (fuga de capitales y crisis financiera); y por último, ya no son ni siquiera ellos los que conducen deciden a dónde quieren dirigir el coche, sino que lo hace alguien externo, a un ritmo más lento, según su interés particular, y dejando por en la cuneta a los antiguos ocupantes del vehículo.
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