sábado, 9 de junio de 2012

LA FATAL ARROGANCIA DEL NEOLIBERALISMO


        El neoliberalismo, como ideología económica y política, surgió con una premisa muy clara: remover completamente el conjunto de instituciones públicas que constituían el pacto social de posguerra, en forma de ineficientes burocracias valedoras de un supuesto paternalismo e intervencionismo estatal, y sustituirlas por el libre desarrollo de las fuerzas del mercado, la libertad y la responsabilidad individual. ¿Y qué se escondía detrás del discurso de la violenta reacción conservadora de los ochenta? Pues, sin embargo, ni más ni menos que el establecimiento de un sistema que, en lo económico, se ha caracterizado por la debilidad en cuanto crecimiento,  ineficiencia e inestabilidad derivadas de la profundización de los fallos del mercado y baja generación de empleo; que, en lo político, ha sido diseñado desde unas instituciones públicas ocupadas por valedores de esta nueva óptica política, es decir, paradójicamente, mediante la utilización de las instituciones públicas en lo que no es sino en realidad un ejercicio de verdadero intervencionismo estatal lesivo para la democracia; y, en lo social, deliberadamente orientado a beneficiar a esa casta "no intervencionista" de políticos conservadores, financieros e industriales inimputables, desde Enron a Bankia pasando por Lehman Brothers, Goldman Sachs o las agencias de calificación en lo privado, pero también BCE o FMI en lo público, ante sus patéticas actuaciones en el diseño y, ahora, en la quiebra del sistema. Y, mientras, el resto de la sociedad, que se ve cada vez más a merced de los fallos del mercado (como la no propensión por éste de bienes públicos tales como sanidad o educación a la vez que se dificulta en lo posible al Estado prestarlos) y, por tanto, que ve cercenada su libertad mediante la dificultad añadida a su progreso que supone esta reducción de sus oportunidades (que no su capacidad) de desarrollo (ya sea individual o colectivo) derivada de la mal llamada pero asfixiante y demoledora "austeridad", ve atónita y desarmada como dicha élite privada que controla las instituciones públicas en su interés, capaz de hundir el resto de la colectividad con tal de salvar su posición de superioridad, tiene la arrogancia de llamar "privilegiados" y "adictos al Estado" a quienes siguen defendiendo el sistema del Bienestar como medio de que permite traducir el esfuerzo individual en progreso social por encima de cualquier condición de clase, etnia, renta o procedencia. 

 El neoliberalismo, vestido como un ideal que decía pretender alcanzar el orden natural o espontáneo de la sociedad reivindicando lo individual frente al “colectivismo”, “burocracias”, “los impuestos”, “la regulación”…etc. propios del consenso social tras la II Guerra Mundial, no es sino un proyecto basado en un intervencionismo de clase, de carácter regresivo e involucionista, cercenador de la libertad como capacidad de desarrollo y progreso individual que utiliza las instituciones públicas en un ejercicio de ingeniería social conservadora.

Y ahora, toca el rescate a España, nuestro Estado del Bienestar al mejor postor.








Desastre económico y social del experimento neoliberal


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